viernes, 4 de julio de 2014

ALGUNAS RAZONES DEL ABANDONO DEPORTIVO I

Los padres "gritones" no colaboran con la comodidad de sus hijos.En este primer documento se ponen a la luz cómo las actitudes y comportamientos de los padres afectan en la deserción de los chicos en los deportes.
De acuerdo a un reciente informe científico de Kathleen Norman (news.com.au), donde se pregunta cuales son las principales razones por las cuales la mayoría de los niños dejan el deporte, surgen las siguientes reflexiones.
Nos enseña Kathleen que cada año en los EEUU, más de 20 millones de niños se inscriben para practicar los populares deportes tales como beisbol, hockey y otros deportes competitivos. Solo un treinta por ciento quedará luego de cumplir los trece años. Esto también está de acuerdo con la Alianza Nacional de Deportes, que denuncia que los abandónicos nunca vuelven a practicar estos deportes. Nunca.
Mientras Ud. está apoyado al borde de una de las canchas de cualquiera de los deportes populares (esto incluye indudablemente al rugby), deberá plantearse si su hijo estará comprendido entre ese treinta por ciento o por el contrario, terminará internado en un hospital tratando su obesidad o su adicción a la tecnología y también agregamos, a alguna actividad no relacionada con lo que Ud. ansía o espera de su hijo.
¿Por qué debe planteárselo?
Porque, según esta investigación, si es Ud. un gritón desde el costado de la cancha (cualquiera sea el deporte, repetimos) lamentablemente deberá comprender que su hijo no estará incluido en el treinta por ciento que continúa practicando deportes. Los niños y jóvenes odian a las madres y padres que se comportan agresivamente al margen de los eventos deportivos preparados para su edad, sobre todo, si el gritón es su padre o su madre.
Existen disciplinas deportivas que ya han tomado cartas en el asunto y asumen como regla del juego la sanción al equipo por el mal comportamiento de sus “hinchas” en divisiones menores.
Dice la investigadora que conoció en un comercio a un señor que hablaba de sus esfuerzos para participar en el coaching de sus tres hijos, en el rugby, el fútbol y el hockey. Es un hombre reflexivo, de los suburbios de Brisbane. Que de la conversación surgió lo siguiente “Cada fin de semana se me llama de diversas formas despectivas cuando estoy en el banco de suplentes, con un estacionamiento detrás de mí lleno de Mercedes y BMW, incluso en presencia de sus propios hijos…”.
Los padres y madres somos seres fantásticos, le decimos a nuestros hijos todo lo que hacemos por ellos, les reclamamos que los llevamos y traemos de la cancha los sábados y domingos, que el equipo que les compramos costó unos cientos de pesos, y que gastamos en bebidas especiales otro tanto, más la cuota del club.
¿De qué se trata esto realmente?
Si realmente somos padres y madres honestos, se trata de egoísmo. No de los niños, sino de los padres y madres. En el fondo, si nos interrogamos por nuestros motivos, lo que comienza como queriendo a nuestros hijos a ser activos y que aprendan a amar la actividad física, en ocasiones se puede transformar en algo más.
¿Qué es entonces todo ese alboroto acerca de los hijos en tal o cual división de tal o cual club? Es admirable esforzarse por la excelencia deportiva, pero en Brisbane por ejemplo, me di cuenta (continúa la investigadora) que hombres ya crecidos estaban de pie alrededor de una fiesta hablando y obsesionados con este tipo de conversaciones. Señor Ud. está hablando del deporte de sus hijos, no es Ud..
Cuando se era niño en otras épocas, los padres y madres en su mayoría no estaban alrededor de la cancha. Debían hacerse cargo de todos los integrantes de la familia, diez hijos por lo menos, o en otras cosas de la vida, haciendo compras o marchando al pub.
Quienes hemos practicado un deporte, nunca vimos a nuestros padres colgados al costado de la cancha. Al árbitro no se le gritaba, ni menos eran madres hostiles las que lo hacían. Jugábamos nuestro juego para nosotros mismos, básicamente por el gusto de correr alrededor de un prado con nuestros compañeros, y era fantástico y liberador.
Luis Horacio Ibañez Gattelli
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