miércoles, 10 de enero de 2018

INICIOS DEL COACHING

El rugby continúa su evolución en los aspectos referidos al juego. Se modifican los reglamentos en función de un juego más fluido y más divertido. Se modifican las técnicas, acompañando el cambio reglamentario y buscando un nivel de eficiencia superlativo. Se capacitan los entrenadores, buscando el mejor camino para la enseñanza. Se modifica y adecúa el referato y la tecnología aplicada a esta función. Todos éstos cambios se generan con la idea de mejorar el juego.

Lo que se sigue manteniendo en gran parte del planisferio y sobre todo en Sudamérica es una estructura y un espíritu amateur.  Un sinfín de gente que, de manera colaborativa, se desempeña como entrenador, manager, dirigente, referí, participando de diferentes aspectos del juego y de la vida del club.

Debe ser un caso paradigmático, ya que es uno de los pocos deportes, no sé si el único, en el cual la mano de obra calificada, léanse los entrenadores, no son profesionales de la educación. Sólo una minoría son profesores o licenciados en educación física.
No es una cuestión de comparación, o de debatir si es mejor una estructura o la otra, no es que tienen que ser todos amateur o todos profesionales. Creo yo que pueden convivir los dos sistemas y que depende en gran medida de la filosofía, la idiosincrasia y los objetivos del proyecto de cada institución.

Desde mi experiencia, se necesitan de las dos estructuras, y que las mismas sean complementarias y se retroalimenten.
Esta afirmación, obliga a una explicación y una comparación con otros deportes. En Argentina por lo menos los deportes de conjunto, como fútbol, básquet, volley, hockey, handball, cuentan con entrenadores rentados y en su gran mayoría docentes. En el rugby la situación es inversa.

Independiente de la filosofía de los diferentes deportes, referidos al profesionalismo de los entrenadores, desde mi óptica surge el siguiente análisis. Mientras que una categoría infantil, juvenil o plantel superior de cualquiera de los deportes nombrados anteriormente, se compone por un número fijo de jugadores; 12, 15, 20, etc.; en el rugby un año se pueden tener 30 jugadores, otro año 40, 50, 60 etc. Esto genera que los clubes de rugby, optimicen los recursos que disponen en cuanto a los profesionales rentados.

Generalmente se encargaba al profesor de educación física los proyectos de preparación física. Hace ya unos 20 años que se ha comenzado a planificar la incorporación de docentes en el ámbito del juego y la capacitación de entrenadores. Recurriendo a profesionales, venidos en su gran mayoría de los profesorados de educación física.

Como mencioné anteriormente, no todo es negro o blanco.  El rugby, continúa con su idea de la transmisión de la mística, los valores y el sentido de pertenencia al club. Aspectos que son de vital importancia para este deporte y sus jugadores. Todos podemos transmitir la técnica, la táctica, los valores. Lo que si queda para la propia gente del club, es la transmisión de la mística y el sentido de pertenencia. Como profesional puedo transmitir valores, conocimiento, técnicas, etc., lo que no voy a poder transmitir es lo que significa ponerse la camiseta de tal o cual club. Como sucede en otros ámbitos, en los cuales los más viejos transmiten por medio de relatos, a las nuevas generaciones, las tradiciones y vivencias. Y eso se debe transmitir de generación en generación.

Pero acá surge otro tema, dentro de las características del rugby, el mismo es un deporte de contacto, lucha y combate. Esa estructura amateur con la mucha o poca capacitación que tiene, colabora en la enseñanza y formación de los jugadores. Esto ha sucedido desde que el rugby es rugby. En muchos casos no se cuentan con las herramientas necesarias para enseñar un tackle, un scrum o un ruck, de manera que se logren minimizar las situaciones de riesgo que este tipo de deporte conlleva. Algunos entrenadores se dejan ayudar y otros creen saberlo todo.
Haber jugado al rugby, no quiere decir que uno esté capacitado para enseñar este deporte. Es importante tener una visión más pedagógica, que nos permita iniciarnos en la formación de futuros jugadores.

En mi opinión las dos estructuras deben convivir mancomunadamente. Si utilizamos sólo una, esto puede ir en detrimento del proyecto. Si utilizo sólo la estructura profesional, puedo descuidar la transmisión de mística y pertenencia al club. Si nos apoyamos sólo en entrenadores amateurs, faltará el enfoque pedagógico y didáctico.

La idea es que se una convivencia mixta, donde las dos estructuras caminen de la mano y donde haya una retroalimentación constante.  Siempre se puede aprender algo del otro. En la medida que se logren formar un equipo de trabajo se enriquecerá el proyecto. Donde un entrenador amateur puede saber mucho del juego de backs, el profesor de educación física puede complementar este conocimiento con su aporte metodológico.


Para que esto suceda todos los integrantes del proyecto, deben entender que se trabaja en equipo. Que hay un proyecto general que es propio del club y que está por delante de todos los pequeños proyectos individuales.

Darío Salluzzi | Licenciado en Educación Física | Email: dario.salluzzi@gmail.com

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